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RUSSBELT GUERRA 

El misterio las imágenes

Estos lienzos están enunciados por una gramática enigmática: Sus atmósferas revelan  soterrados reinos, oníricas pulsiones, estatuarias representaciones que contemplan -con pasmosa frialdad- nuestros inertes corazones, fanales iluminando las entrañas entenebrecidas y ornitológicas entidades que, sedentarias dentro de una poética subjetividad, sólo podrían migrar hacia las innombrables realidades del subconsciente. La pintura surrealista es con frecuencia demasiado literaria. Aspira a pintar lo invisible...

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 Los cuadros de Russbelt Guerra se encuentran dirigidos a una escondida parte de nuestro ser que –a mi entender- navegan en un código furtivo llamado silencio. El silencio de sus cuadros reside en la agonizante melancolía de sus imágenes y en esa inefable purificación cromática: Es el silencio de los tiempos primordiales, misteriosamente trasuntados dentro de nuestro ser enfrentándose a su propia perplejidad de  existencia.  

   Desde un punto de vista formal, los lienzos ostentan una estructurada rigurosidad: Sus elementos se articulan desde la perspectiva del ensimismamiento y la hermética extrañeza compositiva.

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   Como los surrealistas, los cuadros de Russbelt Guerra se enceguecen por los enajenantes deseos. El tema del erotismo y la obsesión por la imagen femenina y todos los variantes simbólicos que el artista empieza a experimentar. En ellos se configura un erotismo torvo, cuyas musas vendadas con fardos deshilachados, progresivamente se van despellejando, horadándose, despojándose de sensualidad, -en suma- deshumanizándose.

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   Uno de los rasgos atrayentes de este atónito universo es la pulida configuración del dibujo: En un exquisito delineamiento figurativo marcado y preciso, que aspira a recortar y dar forma a los fantasmas del subconsciente.

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En conclusión, la inquietante pintura de Russbelt Guerra es como la de Giorgio de Chirico; pues, pincela interiores metafísicos que nos descifran -con lírica sutileza- la impávida contemporaneidad que se ha imbuido, perversamente, en nuestras desvencijadas almas. 

Por:

Ricardo Musse Carrasco.






“Los faroles lentamente se

encendían en los castaños

La dama sin sombra se

arrodilló en el Pont au

Change 

Rue Gît-le-Coeur los

sonidos ya no eran los

mismos

Al fin las promesas

nocturnas se habían

cumplido

Las palomas mensajeras

los besos de socorro

se daban cita en los senos

de la bella desconocida

Disparados bajo el velo

de las significaciones

perfectas”.

 

André Breton.



Sobre el Artista


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